En Dublín se puede visitar el único museo del mundo dedicado exclusivamente a escritores. Rinde homenaje a los autores de la isla, y el escritor más moderno que tiene el honor de figurar es, precisamente, Brendan Behan. Para los irlandeses, Behan es su clásico más reciente. Pero es poco conocido en nuestro país (ignoro si lo es en otros). Alcanzó la fama como dramaturgo, y ninguno de sus obras se ha estrenado en España. En cuanto al resto de su producción, no ha sido traducida. Behan no pudo escribir con su propia mano esta autobiografía, editada póstumamente. Estaba demasiado enfermo y demasiado borracho. Se basa en la transcripción de una serie de grabaciones, como se indica en el prólogo, y la obra tiene esa cercanía de la oralidad, de la historia contada en un bar. Pero, como toda historia contada en un bar ante un público demasiado amplio, apenas profundiza. La única intención de Behan es hacer un sucinto resumen de su vida. Y lo hace ensartando anécdotas más bien pálidas. Más que a una persona, la obra alumbra a un personaje, el tipo vitalista, sencillo y sin complejos con quien cualquiera podría compartir una buena juerga. Sólo en ocasiones parece abrir una ventana que permita atisbar al verdadero Behan. La persona que se encargó de realizar la transcripción elabora un retrato de Behan más íntimo y completo que la propia autobiografía, de modo que, excepcionalmente, ya que aborrezco los prólogos, animo a leerlo. Behan nació en Dublín en 1923. Fue arrestado por ser miembro del IRA en 1939, cuando Irlanda ya había obtenido la independencia. Lo que el IRA reclamaba (y todavía reclama) era la anexión a la república irlandesa de los condados del norte, el Ulster. Habiendo nacido en una nación que ya era independiente, ¿qué le condujo a militar en el Ira?No hay respuesta en esta autobiografía. Behan ni siquiera se hace la pregunta. Quizá haya que buscar la clave en "Borstal Boy", la obra en la que narra sus primeras experiencias en las cárceles inglesas. En cualquier caso, Behan nace en un medio, los suburbios de Dublín, en los que la militancia, por lo que se deduce del libro, parece constituir una opción lógica. Y él se deja arrastrar por esa corriente sin plantearse demasiado las razones ni las consecuencias. Pero no es un fanático. Simplemente, considera que actúa del modo correcto. No nació rico y no nació famoso. Subsiste con trabajos esporádicos como pintor de brocha gorda, y suele beberse las ganancias tan rápido como llegan. "Todo el mundo sabe de qué se habla cuando se habla del trabajador. Trabajador es uno que hace trabajos sucios, aburridos, peligrosos, o las tres cosas a la vez. Si es tan obvio que el sacerdote es un trabajador, en el nombre de Jesucrito, ¿por qué tienen que repetirlo tantas veces?". ¿Rebelde? puede ¿irlandés? sin duda. Pero precisamente lo que no hay en esta autobiografía es una confesión. Yo no me atrevería a juzgar a Behan en ningún sentido partiendo únicamente de esta obra. De todas formas, voy a dejar hablar al propio Behan en uno de los mejores momentos que contiene el libro: "-Usted es un individualista, dijo un joven de pelo largo disfrazado de poeta.
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