Estuve en Benidorm y me acordé de ti

 

Yo estoy de acuerdo con Benidorm. Las calas desiertas son paraísos ideales, pero todas las personas tieenen derecho a la playa, y somos seis mil millones en el planeta, de los cuales cuatro millones están en Madrid. Y aguardan agazapados a que llegue su momento. En concreto, los ancianos nunca duermen. A la que parece que va a amanecer corren hacia la arena para clavar la sombrilla con la misma expresión triunfante con que Armstrong hincó la bandera en la luna.

Pasa lo mismo que cuando decimos, a mí me hubiera gustado ser romano. Te imaginas en un diván asqueado de saborear delicias mientras una docena de esclavos te abanican. Algunos dueños de inmobiliarias incluso creen que esa es su anterior reencarnación. Pero recordemos que el 99% de los romanos las pasaban canutas para llenar la panza. Como te reencarnes para atrás, lo más probable es que te reencarnes en esclavo. O en plancton, que ese es el fallo de la teoría de la reencarnación. Total, no hay plancton. Antes de poder encarnarte en un ser vivo complejo, como la mosca de la fruta, pasaríamos tres mil veces por el vientre de una ballena. Más o menos así; ¡Mira, una ballena con la boca abierta! ¡Mira, una ballena con la boca abierta! ¡Mira, una ballena con la boca abierta!

 

Así que todo el mundo tiene derecho a poner su toalla en una playa, y, por tanto, estoy a favor de Benidorm. No es un sitio tan terrible como lo pintan. Encontré tres comunidades que vivían en paralelo, cruzándose sin verse: la tercera edad, que considera a María Jesús y a su acordeón como una sola cosa, tipo centauro, y este animal fabuloso es para ellos la cumbre misma de la música; los hinchas del Celtic de Glasgow, a los que obligaron a tatuarse una especie de ¿chica desnuda sarnosa? en el brazo para ingresar en algún clan de saqueadores normandos; y los macarras tunning-epilépticos, que tienen su frase de guerra en el ¡qué pasa nen!

 

El acordeón es un instrumento que siempre me ha fascinado. Tiene botones, como un ascensor, se estruja como un fuelle y se lleva colgado como una mochila. Y también me fascina ese ente de fábula, MaríaJesúsysuacordeón, todo en uno. No sé qué edad tendrá, pero siempre tiene cara de niña. Una niña condenada a tocar por toda la eternidad la canción de los pajaritos mientras a su alrededor el gentío se transforman súbitamente, acuclillándose de forma extraña y removiendo el culo.
Pobrecilla. He de mencionar que estuve a punto de verla, pero en el momento en que me gritó Caléndula ¡Mira, María Jesús y su acordeón! levanté la cabeza y pisé una caca de perro que me acompañó fielmente durante tres días, lo cual quizá constituya una llamada del destino, pero es una llamada a la que prefiero no responder. Además, sufrí unas magníficas arcadas tratando de eliminar a mi fiel acompañante de la suela.

A estos grupos mayoritarios que cohabitan sin verse hay que sumar elementos de mafia rusa (se reconocen porque cuando pasa una moza chupando un helado pronuncian un galimatías con muchas erres, tipo "Vuestrrro decante imperrrio capitalista", pero mucho más confuso, en lugar de lo que pronunciaría cualquier albañil que se precie, que es más horrendo, porque es casi entendible). Había también presos de permiso (o fugados, pero tan chorizos que nadie se molesta en buscarlos, de los que roban en un todo a cien).

Mete esta mezcolanza cultural en una coctelera, y ni te acercas a la realidad. Es un ecosistema tan rico que podrían escribirse cientos de novelas escogiendo al azar a cualquiera de los elementos que lo componen. Esperas encontrarte a Torrente en cualquier momento.

 

 

No obstante, comparado con lo que me habían contado, no me pareció un sitio tan distinto a cualquier otro de la costa, sobre todo tras la explosión inmobilaria. Salvo quizá por la profusión de rascacielos. A mencionar el sistema de evacuado de emergencia que tienen los rascacielos, que consiste en deslizarse todos a una por una sábana a lo largo de 22 pisos. Vamos, que casi mejor te arrojas a las llamas. Te viene a la cabeza El coloso en llamas y Aeropuerto 73 (no sé por qué, pero Aeropuerto 73 viene siempre a la cabeza en estos casos... a veces viene también Orca, la ballena asesina, será por la proximidad de la playa).

 

Fue una experiencia digna de ser vivida, aunque mi único contacto con el peligro fue que me pilló una ola de dos metros mientras trataba de cabalgarla sobre la tabla. Bueno, cabalgar y tabla, en mi caso, son dos eufemismos. Sobre todo lo de cabalgar. Imagina a Don Quijote a lomos de una cabra borracha y te harás una idea.

- Imposible – me dijo un amigo al que se lo conté – en Benidorm no hay olas.

- Pues hubo una.

Y la cogí yo.

La ola en cuestión me metió tal hostia que casi me arranca la cabeza. Me clavó la cara en el fondo oceánico y el cuerpo me pasó por encima, momento en que sentí chascar las vértebras del cuello, y creí que había hecho el Ramón Sampedro. No veas qué alegría, cuatro olas después (las subsiguientes también me zarandearon a placer) cuando descubrí que todavía podía mover los brazos. Todavía estoy contento, no digo más.

 

Y poco más aconteció, porque no siempre soy un hombre de acción y me pasé los quince días en uno de estos dos estados: o a remojo o leyendo. El día que inventen el libro impermeable, ay ese día, será un pequeño paso para un hombre pero un gran paso para la humanidad. Con las mujeres no se sabe qué pasará, porque la frase no las menciona. Lo más probable es que vayan ya muy por delante del hombre, de ahí la omisión.

Me veo obligado a mencionar que, para su descrédito, no encontré una sola librería en Benidorm, y los Kioscos de prensa sólo contaban con el Hola, el Hello, el Bay Bay y el Sayonara. Comprabas el Playboy y te miraban raro, como si fueras intelectual.

Olvídate de Londres. Benidorm es la encarnación misma de la multiculturalidad. Allí todos somos extranjeros, incluso los españoles.

P.d. Me comenta Caléndula que he dado la impresión de que Benidorm es un sitio cutre. No. No lo es. Además de que estuve muy, muy a gusto allí, Benidorm emana unas vibraciones únicas. Es un lugar empapado en ese sentimiento de transitoriedad y urgencia que provoca la vida que sabes breve. Aúna el gozo de lo que llega tras un año de espera con el deseo de aprovechar cada minuto al máximo. Hay dos conceptos. La Benidorm diurna y la Benidorm nocturna, que es una explosión de fuegos artificiales. Creo que lo que capta su verdadera esencia es la canción Fiesta, de The Pogues. Ese jolgorio ininteligible que te mueve los pies.

Benidorm te dice, no juzgues. Entrégate. A la calma o la bacanal, lo que quieras. Pero mézclate y disfruta. Hay una crudeza de realidad tras cada tatuaje. Pero aquí la realidad no puede entrar. Éste es el paréntesis del texto, y tú sólo puedes entenderlo si estás dentro.

Imagínate un Carnaval en un aeropuerto. Mi nacionalidades bailando al mismo ritmo mientras los ejecutivos arrojan sus maletas por los aires. Eso es Benidorm.

 

 

Javier Arriero Retamar

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