Autor del comentario: R.L. Localidad: FERROL Javier Arriero espera que el libro que acaba de sacar a la luz de la mano del Liceo Rubia Barcia «sea entendido por cualquier lector».
- ¿A qué se refiere, exactamente?
- A que me gustaría que los lectores alcanzasen el sentido último de la novela.
- ¿...?
- Por explicarlo de alguna manera, lo que pretendo es que cuando el lector vea la última página sienta que ha alcanzado un espacio nuevo, un lugar diferente.
- ¿Cómo es ese lugar?
- Toda novela, más allá de la anécdota, está hecha para trascender, para dar un sentido a algo que parece no tenerlo, o para nombrar aquello que aún no está dicho. Y cuando hablo de un lugar quiero decir que una novela tiene que ser una ciudad nueva. Lo que no puede ser una narración es un conjunto de tópicos, de lugares ya vistos. La anécdota por la anécdota no me interesa.
- ¿Cómo nació su libro?.
- Está concebido como un viaje en el que también se embarca el lector, llevando consigo toda su biografía. Habla del amor, pero en sentido amplio.
- Y ese sentido, ¿cuál es?
- El del amor que aparece construido como un lugar de cobijo, y más como egoísmo que como pura generosidad.
- A pesar de todo, ¿usted definiría esta novela suya como «una novela de amor»?
- No exactamente. No es una novela romántica. Aquí el amor es una relación que se convierte casi en un objeto, más incluso que en un sentimiento. De hecho, en la trama, pese a la apariencia de que la relación es algo fundamental para el libro, realmente se trata de una relación que, de entrada, ya está finiquitada, que casi muere antes de nacer. Incluso llega a haber dudas sobre si realmente ha existido alguna vez.
- ¿Qué le diría, ahora, a sus lectores?
- Que se acerquen al libro sin ideas preconcebidas.
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